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Mi respuesta fue clara: quería ser astronauta.

La historia de:

Julia Fernández Velásquez

10 de julio de 2026

Cuando era niña, seguramente a muy temprana edad, mis padres me preguntaron qué quería ser cuando grande. Mi respuesta fue clara: quería ser astronauta. En ese momento, ser astronauta parecía imposible para una niña de provincia, costeña, nacida en los años setenta en Colombia. Y así me lo hicieron saber.


Crecí en un entorno machista, donde el rol de la mujer estaba asociado principalmente a ser una buena hija, esposa y madre. Cuando llegó el momento de escoger una carrera universitaria, aparecieron ante mí las opciones que entonces se consideraban “adecuadas” para las mujeres: filosofía, fisioterapia, bibliotecología, entre otras. Por fortuna, en medio de esas propuestas bien intencionadas de mis padres, elegí psicología.


Estudié psicología y me gradué, porque soy de las personas que terminan lo que empiezan. Sin embargo, siempre tuve la sensación de que faltaban piezas en mi rompecabezas. Para mi fortuna, estaba en el lugar adecuado y con la mente abierta cuando me ofrecieron trabajar en la primera empresa de telefonía celular que llegó a Colombia. Allí me enamoré de las redes, las antenas, la transmisión, la comunicación y, sobre todo, de la forma en que la tecnología transformó la vida de mi país. Crecí profesionalmente en esa organización y, además, tuve la fortuna de encontrar mujeres liderando desde cargos tan importantes como la presidencia, la auditoría y, de manera muy relevante, la gestión de la tecnología. Allí entendí que sí era posible. Descubrí que las mujeres estábamos listas para mucho más y que, aunque tal vez mi destino no era la Luna, sí podía estar en el mundo del servicio impulsado por la tecnología.


En esa empresa crecí y llegué casi tan lejos como aquellas líderes que tuve el privilegio de conocer recién salida de la universidad. Sin embargo, después de ocho años de crecimiento profesional, al salir nuevamente al mercado laboral me encontré con una realidad distinta: no había tantas oportunidades para las mujeres. Pasé entonces a la industria del BPO, donde la tecnología se convirtió en el eje de la prestación de servicios. Al relacionarme con múltiples sectores, empecé a notar la baja presencia de mujeres en eventos, cargos clave y, especialmente, en conversaciones de alto nivel sobre tecnología. Era como si para nosotras solo existieran los stands y los roles decorativos, pero no los espacios donde nuestra voz pudiera ser escuchada.


En medio de esa sensación de soledad, conocí a un grupo de mujeres poderosas: Paola Restrepo, Gale Mallol, Isabel de Ávila, Natalia Iregui, Kary Quessep, María P. Duque, Carolina Angarita y Caty Rengifo. Entonces comprendí que no estaba sola. Ellas también estaban allí, y nos unía el interés de encontrar a muchas más. Sabíamos que el mundo TIC en Colombia tenía un componente femenino importante, y por eso decidimos crear Mujeres TIC Colombia. Nos unían los mismos objetivos y empezamos a soñar. En medio de desayunos en los que, además de hacernos amigas, imaginábamos lo que Mujeres TIC Colombia podía llegar a ser, llegó la pandemia. La cuarentena nos alejó físicamente y puso nuestras conversaciones en pausa. Pero, una vez volvimos a la realidad, todavía con tapabocas, retomamos las conversaciones, los comités y los eventos. Poco a poco empezamos a encontrar a más mujeres TIC en Colombia.


A lo largo de estos seis años hemos construido una comunidad que hoy reúne a más de 100 mujeres líderes en Colombia. Hoy, cuando miro hacia atrás, entiendo que tal vez no llegué a ser astronauta, pero sí encontré una misión igual de grande: abrir caminos para que más mujeres puedan ocupar el lugar que les corresponde en la tecnología, en la innovación y en la toma de decisiones. Mujeres TIC Colombia nació de una conversación entre mujeres que se reconocieron, se acompañaron y decidieron no seguir esperando permiso para estar donde siempre debimos estar. Porque cada vez que una mujer toma la palabra en un panel, lidera una empresa, diseña una solución tecnológica, inspira a otra o se atreve a imaginar un futuro distinto, estamos cambiando la historia. Y si algo he aprendido en este camino es que no se trata solo de llegar más lejos; se trata de asegurarnos de que ninguna mujer vuelva a sentirse sola en el viaje.


Ese es nuestro propósito. Esa es nuestra fuerza. Y esa, sin duda, es nuestra verdadera conquista del espacio.


Por que #JUNTASOMOSMAS

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